Juegos en los primeros meses de vida

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Antes de nacer, el bebé pasaba un buen número de semanas en un espacio muy reducido, adoptando una posición de flexión de sus extremidades inferiores sobre el abdomen y flotando en un ambiente líquido.

Al nacer, pasa a disponer de más espacio, pero debe hacer frente a la fuerza de la gravedad. En esta nueva situación, su primer objetivo es desplegar gradualmente su cuerpo y aprender a controlar el peso de su cabeza, que en esta fase de la vida constituye una buena proporción de su peso y volumen corporal total.

Algunos estímulos sensoriales por parte de los padres pueden ser de gran ayuda. El objetivo de los ejercicios del bebé de pocos meses debe ser estimular su musculatura provocando que haga nuevos movimientos. Sin embargo, no debe cansarse al niño; siempre hay que realizar los ejercicios cuando esté relajado y éstos no deben durar más de diez minutos.

COSQUILLAS EN LOS PIES

Un cepillo de dientes, de cerdas suaves y mango romo, puede servir como instrumento para la tonificación de los músculos del pie. Al pasarle el cepillo por la planta del pie, el niño lo bajará, crispando los dedos. Luego, al rozarle el empeine, levantará el pie y el dedo gordo.

EL PAQUETITO

Igualmente, hay que enseñar al bebé a relajar su propio cuerpo mediante ejercicios de estiramiento suaves y siempre con la premisa de no forzarle, y abandonar el intento si se percibe cansancio o temor. Un buen ejercicio es el siguiente: con el niño tendido boca arriba en el suelo o sobre la mesa, la madre, toma los brazos del bebé y los abre en sentido horizontal para que inspire. Después, cruza los brazos del bebé sobre la caja torácica mientras éste expirará.

ABRIR LAS MANOS

La tendencia del bebé en las primeras semanas de vida es cerrar las manos cuando se le ofrece el dedo o cualquier otro objeto que pueda asir. Es el llamado reflejo de prensión. Para conseguir que el bebé abra la mano se pueden utilizar ejercicios de relajación del hombro, que consisten en efectuar suaves movimientos de distensión de forma rítmica y sujetándole el brazo por la mitad de los huesos largos, sin tirar nunca de las articulaciones. Hay que estimular las dos manos; por lo tanto, cuando se consiga que el niño abra una mano, hay que intentar repetir lo mismo con el otro brazo.